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Un segundo, estamos preparando esto.
Una leyenda de Lo Barnechea. Agustina Gómez empezó vendiendo 24 panes al día con horno de barro en 1970; hoy salen más de mil. El restaurante, que ella construyó expansión tras expansión hasta tener capacidad para más de 500 personas, es el retrato más fiel de la cocina chilena de cazuela: pollo al cognac, caldillo de congrio, arrollado, empanadas de pino con masa casera. Una institución que creció junto a varias generaciones de familias santiaguinas. Va de almuerzo porque cierra en la tarde. Lleva gente con hambre real y ganas de ruido sano: el lugar es grande, popular y sin pretensiones. Los músicos pasan por las mesas, el pan amasado llega caliente y los precios no han perdido la cabeza.